El coste humano del negocio de las extensiones de pelo

El coste humano del negocio de las extensiones de pelo

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extensiones

Hay una clara tendencia hoy en día a modificar nuestra apariencia día tras día, engañándonos a nosotros mismos y al resto. El deterioro de nuestro cuerpo a través del tiempo es algo que debemos asumir, pero si no lo hacemos para eso existen métodos como la cirugía, el maquillaje o las extensiones de pelo. De esto último vamos a hablar hoy, pues hay ciertas verdades tras este negocio que pocos conocen.

Más de 10.000 personas se ponen extensiones de pelo cada año solo en Reino Unido, este número es el resultado de un aumento del 70% en los últimos 5 años. Imaginemos por un momento cuánta gente podría utilizar este servicio de peluquería cada año a lo largo y ancho del planeta Tierra. Celebridades como Cheryl Fernandez-Versini o la despampanante Liz Hurley son algunas de las que habitualmente cambian sus extensiones.

Gran Bretaña es el tercer país que más extensiones de pelo natural compra, siendo unas 43 millones de toneladas cada año. Eso podría cubrir las cabezas de más de 2 millones de personas o rodear el planeta unas 3.200 veces. Pero como en el negocio de las zapatillas deportivas y las prendas de ropa fabricadas en países con la mano de obra más barata, en el negocio de las extensiones también existe explotación, aunque no infantil.

extensiones de pelo

Cómo funciona el negocio

En el Templo Yadagirigutta (en el sur de la India), mujeres sin recursos aguardan impacientes en la puerta a que sus cabezas sean afeitadas por completo. La mayoría de ellas nunca se han tintado el pelo, utilizado secador o incluso cortado las puntas, por lo que en el negocio lo llaman ‘cabello virgen’, lo cual tiene un precio más elevado para los barberos encargados de rapar a cuchilla sus preciados cabellos.

Algunas de ellas, como Lavanya Kakala (28) prefieren no recibir nada de dinero a cambio de su pelo. Ella piensa que si esa acción va a hacer que mujeres cuya salud cabelluda está en detrimento van a poder tener un nuevo look, ella se siente bien sabiendo eso. Al parecer, es tradición donar pelo en los templos Hindús, sabiendo que van a ser vendidos a distribuidores internacionales.

Actualmente, más de 50.000 mujeres al día esperan en colas interminables de hasta 3,5 km de largo para participar en este tipo de ‘ceremonias’. Se considera un acto de peregrinación, en el que sus cabezas son afeitadas y luego recubiertas con pasta antiséptica de sándalo. El precio de las extensiones es mayor en regiones del sur, pues allí no acostumbran a utilizar champús, se cepillan el cabello constantemente y lo embadurnan en aceite de coco para mantenerlo sano y brillante.

Uno de los templos de mayor afluencia en la India es el de Tirumala, cuyas ganancias el pasado año ascendieron hasta los 24 millones de euros. Esta recaudación es para construir nuevas escuelas y hospitales, aunque es muy difícil de seguir este dinero, por lo que no sabemos si algo sobrante va a parar a otros bolsillos.

rapando cabezas

El coste en países del llamado ‘tercer mundo’

Los templos donde se realizan estos ‘cortes’ suelen estar muy alejados de los países de los distribuidores interesados. Muchos de ellos viajan miles de kilómetros para visitar países de Asia y el este de Europa ofreciendo a las pobres indigentes una miseria por sus cabellos. En India, por ejemplo, se sabe que se están ofreciendo menos de 7 euros por todo el cabello de una mujer.

Hay informes policiales sobre maridos que fuerzan a sus mujeres a que vendan sus cabellos a traficantes. Algunos niños de barrios marginales han sido engañados para que cambiaran sus cabellos por juguetes. Algunos afirman que a la edad de 24 años el cabello es el mejor por su alta concentración en keratina (la proteína principal del pelo), lo cual le da una salud plena.

El cabello de mujer del este de Europa también está muy demandado, por ser más suave y generalmente rubio en la mayoría de los casos. En remotos lugares de Siberia y Ucrania se suelen celebrar reuniones para este fin. Los precios oscilan entre los 40 euros del cabello marrón oscuro y los 49 euros del marrón más claro. Aunque han llegado a ofrecer a algunas mujeres hasta 130 euros por su cabello.

En países de Sudamérica como Perú o Brasil, el cabello femenino está altamente cotizado por ser uno de los más delgados, llegando a pagar hasta 74 euros por cabeza rapada. En estos lugares el corte no supone una ceremonia como en la India, sino que los cabellos son cortados con tijera casi a ras de la piel.

montones de pelo

Buscando pelo hasta en la basura

De media, las mujeres pierden entre 50 y 100 pelos al día, y los distribuidores lo saben. Por ello, alrededor de Asia se van visitando casas y salones de belleza para recolectar ‘pelo muerto’. A veces se paga algo por ellos, pero siempre una auténtica miseria, incomparable a los precios anteriores.

Otras veces, se suelen buscar pelos hasta debajo de las puertas de las casas o en los cubos de basura, donde las familias tiran todo su cabello retirado del cepillo. Este pelo es conocido como ‘desecho del cepillo’ y es más complicado de seleccionar y limpiar. Las extensiones desde este tipo de cabello suelen costar desde 6 euros en un salón de belleza.

rapando cabeza a niña

Dónde esconden y transportan todo ese pelo

Una vez se han recogido todas esas toneladas de cabello humano, suelen transportarse en camiones o aviones hacia las fábricas y distribuidoras, donde unos 350 trabajadores procesan todo con mucha paciencia. Hay mucho secretismo en torno a este negocio. Obtener el cabello no es sencillo, y existe el riesgo de ser robado por el camino. Este negocio es como una competición.

Además, las fábricas no quieren nunca revelar sus fuentes, de dónde han sacado todo ese pelo, y tampoco están obligados a decir cómo lo procesan y a cuánto están pagando cierto tipo de cabello. El pelo vale mucho dinero, y en la industria se conoce como el ‘oro negro’.

extensiones

¿Se trata este cabello químicamente más tarde?

Después de lavar cuidadosamente los cabellos, el más barato de todos se introduce en ácido para eliminar los gérmenes. En cambio, el pelo obtenido directamente de la persona es introducido en baños de osmosis con una composición de extractos y sales secreta. Este proceso hace que los cabellos mantengan su elasticidad y brillo, pero le quita algo de color.

En el caso del cabello rubio platino, es almacenado en estos baños especiales durante 20 días para asegurar los resultados deseados. El cabello marrón y castaño solo necesita de 10 días. Tras la inmersión, los trabajadores cosen uno a uno con hilo blanco. Esto le da un aspecto más liso en el resultado final. Si el cabello está demasiado ondulado, se seca y plancha a 240 grados.

rapando cabezas

El negocio del pelo animal también a la orden del día

El pelo de cabra y caballo también está altamente cotizado actualmente. Es un mercado menor. Algunas fabricas mezclan este pelo con el cabello humano para hacer unas extensiones diferente, aunque no siempre se indica la composición completa de éstas. El pelo sintético también puede ser encontrado entre las extensiones ‘reales’.

Este pelo se vende por kilos a distribuidores internacionales, la mayoría en Estados Unidos, donde es empaquetado, etiquetado y almacenado para su envío. Las fábricas asiáticas reciben una cantidad de dinero porcentual de lo que los salones de belleza de todo el mundo cobran por los servicios. Los propios distribuidores se jactan de lo poco que pagan a las familias, afirmando que “con los 40 euros que le pagan a una mujer alimenta en su país a su familia durante 3 semanas”.

Por tanto, si en un salón de belleza londinense de alto standing te pueden llegar a cobrar unos 1.500 euros por unas extensiones de alta calidad y origen humano (posiblemente indio o ucraniano, dependiendo del color), el salón se estará llevando aproximadamente el 85% de ese dinero, y el resto irá a parar a las fábricas de origen y distribuidores.

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