Cómo no olvidar nunca más dónde has dejado las llaves

Cómo no olvidar nunca más dónde has dejado las llaves

0
Compartir

Conforme una persona envejece, es normal que su memoria empiece a fallar, y por lo general es fácil olvidar en dónde dejaste las llaves, te preguntes si cerraste bien esa puerta, llegues a una habitación y olvides por qué ibas ahí, buscar tus gafas cuando están sobre tu cabeza, entre otras experiencias similares.

Esto le pasa a la gran mayoría y es algo a lo que se le conoce como “momentos seniors”, a lo cual pocos son inmunes, de hecho, la ciencia nos dice que nuestros recuerdos y memoria comienzan a decaer a partir de los 30 años.

Pero se puede entrenar el cerebro para que tenga una mejor retención, tal como explica el Daily Mail, en una recopilación de ejercicios recomendados por Harry Lorayne, un hombre de 90 años con una excelente memoria llamado incluso el yoda del entrenamiento de memoria y escritor de libros como “Secretos simples para mantener tu cerebro joven”, en los cuales se basa este artículo.

Esto es posible, pues importantes personajes de la historia como Albert Einstein, el poeta Robert Frost, el artista Georgia O’ Keeffe y el intérprete George Burns, lograron sus mayores trabajos creativos cuando se encontraban avanzados de edad, en sus años 70, 80 e incluso 90.

Te puede interesar: Un estudio prueba que uno de tus oídos escucha y recuerda mejor que el otro

¿Dónde dejé mi lápiz?

Uno de los problemas más comunes de memoria y que ocurre en las oficinas, pues, cuando te distraes en una llamada, en tu computadora o con alguien más, repentinamente olvidas en dónde has dejado tu lápiz o bolígrafo.

Al final, resulta que estaba detrás de tu oreja, entonces, ¿cómo puedo evitar volver a perder tiempo en este caso? El ejercicio resulta bastante simple, aunque pueda parecer algo bizarro para algunos.

Lo que tienes que hacer, en cuanto vayas a contestar una llamada o atender algo más, es colocar tu lápiz en tu oreja, pero tienes que visualizar que lo estás introduciendo por tu oído hasta tu cerebro, casi al punto de imaginar el dolor.

Esto ayudará a que después, cuando lo necesites, tu cerebro recuerda esa “sensación de dolor” que imaginaste, lo que te llevará de inmediato a recordar en dónde lo dejaste: detrás de tu oreja. Poco a poco, comenzarás a entrenar mejor a tu memoria y no será indispensable imaginar que te apuñalas el cerebro a cada rato.

Usa una imagen tonta

Las cosas que se hacen de forma cotidiana, ordinaria y mundanas suelen olvidarse rápidamente, por ello es que resulta sumamente práctico evocar imágenes ridículas, tontas, extremas e incluso imposibles, que harán que sea más fácil recordar, pues este tipo de cosas tienen una impresión duradera en el cerebro.

Y no es una técnica nueva, pues existe desde hace siglos, de hecho, un pergamino de hace 2 mil años llamado Rhetorica ad Herennium la resume perfectamente. También se usaba por antiguos filósofos cuando enseñaban a los estudiantes y querían que recordaran un punto importante, esto a través de una fuerte bofetada, doloroso, pero le ayudaba a mantener la idea del momento.

Esta misma técnica se aplicó en América en el siglo XIX, cuando se reclamaban tierras, por ejemplo, un padre llevaba a su hijo al límite de su propiedad y luego lo abofeteaba, para que recordara la imagen precisa del lugar en que sus tierras terminaban.

Para este ejercicio, no es necesario abofetearte físicamente, puedes imaginar que lo haces, esto ayudará a retener la información del momento. También puedes recurrir a una imagen mental ridícula o extrema que ayude al mismo propósito.

Te puede interesar: La imagen que muestra el desgarrador progreso del Alzheimer

¿Y las llaves?

Quizá el problema más común que tienen las personas es el de no saber en dónde dejaron las llaves, lo cual no es un problema de memoria, pues, como explicamos, existen situaciones cotidianas que no requieren almacenar información en el cerebro.

Por ejemplo, al llegar de las compras, entras a la casa y lanzas las llaves a la maceta de siempre, no es que olvides dónde las dejaste, pues no supiste de forma consciente en dónde las has dejado, por lo que no debes preocuparte de que tu memoria falle, pues nunca la usaste en primer lugar.

El truco no es forzarte a recordar de forma consciente en dónde dejaste las llaves (de hecho es difícil forzarnos a ello), sino de relacionar su posición con una imagen tonta, como en el ejemplo anterior. En el caso de la maceta, cuando dejes las llaves, imagina que, en vez de una planta, una llave gigante es la que surge, de esta forma, cuando necesites salir más tarde y pienses en las llaves, de inmediato vendrá a tu mente la “planta llave” y lo relacionarás con la maceta.

Otro ejemplo: necesitas salir de la habitación y pones las gafas encima del televisor, pero al colocarlas, imagina que el aparato tiene un rostro y le colocaste tus gafas para que vea mejor, ten por seguro que recordarás dónde las dejaste.

Y uno más: cuando vayas a colocar un bolígrafo dentro de un cajón, imagina que la tinta se ha desbordado e inundado el cajón, arruinando todo lo que ahí tenías. Aunque no lo creas, este simple truco funciona.

Cuando llegas a un lugar y no sabes qué hacer

Típico: te levantas de la cama, vas a la cocina y, cuando estás en medio de la habitación, olvidas por completo qué es lo que haces ahí. Luego de un rato, recuerdas que ibas por el kétchup, ¿cómo recordarlo? Igual, en cuanto sepas que tienes que ir a la cocina por el condimento, imagina que te has bañado del mismo.

¿Dejé abierta o cerrada la puerta con llave?

Una cuestión que pone en duda tu misma existencia, generando incluso una ansiedad que te obliga a volver a casa de inmediato y perder valiosos minutos de tu vida para descubrir que sí, estaba cerrada con llave.

El truco aquí es visualizar que metes la cabeza o la lengua en la cerradura para poder cerrarla, esto obligará a tu cerebro a prestar atención en algo que haces todos los días, muchas veces sin pensar en ello. Puedes aplicar la misma idea cuando desenchufes los aparatos al salir de vacaciones, imaginando tu cabeza o la de tu pareja saliendo del enchufe.

En caso de que necesites llevar siempre contigo algo de tu casa al salir, como un paraguas, puedes relacionarlo con la puerta, en este caso, que el pomo es en realidad el paraguas y, cada vez que abres y cierras, lo que también se está abriendo y cerrando es el paraguas.

Y para no olvidarlo de regreso, si acostumbras a despedirte de tus compañeros de oficina, puedes imaginar que te despides de un paraguas gigante, así recordarás que debes de tomarlo para llevarlo de nueva cuenta a tu casa.

Te puede interesar: El secreto para ser un anciano con cerebro joven

Como puedes darte cuenta, el simple truco para mantener una memoria ejercitada y jamás olvidar de nuevo dónde dejaste las llaves, tus gafas o un lápiz, es simplemente crear una asociación del objeto con el lugar o la actividad que deseas hacer.

Un ejercicio que te tomará una simple fracción de segundo realizar cada vez pero que te ahorrará mucho tiempo de búsqueda y que, con el tiempo, no necesitarás hacer frecuentemente, ayudando al cerebro a mantenerse “joven” por muchos años más.

La entrada Cómo no olvidar nunca más dónde has dejado las llaves aparece primero en Me Asombro.

No hay comentarios